cuando eres un drogadicto inyectarte ya no te complace igual que antes, sin darte cuenta terminas medicandote justo antes de hacer las compras de la semana o antes de que amanezca, caminando a las cinco de la mañana por la calle, disfrutando el silencio, la obscuridad naranja de la ciudad, olvidándote al parecer para siempre de las pastillas para dormir y para despertar.
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